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“Decálogo para Entrenadores y Educadores deportivos”, por Cédric Arregui

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Tras la buena acogida de nuestro Decálogo para padres y madres de deportistas, en esta ocasión traemos un decálogo pensado para todos esos entrenadores y educadores deportivos que han decidido emplear su tiempo en formar a jóvenes deportistas en su deporte favorito. Un gran reto que no siempre se asume con toda la responsabilidad que se merece.
Ser entrenador entraña ser un profesional en ámbitos bastante diversos (y la mayoría de ellos son vocacionales).
En primer lugar somos educadores (agentes transmisores de valores deportivos que luego son aplicables fuera de la cancha). En segundo lugar somos entrenadores cuando nos encargamos de formar en la disciplina deportiva correspondiente.
Luego podemos enumerar una serie de profesiones que practicaremos con menor frecuencia pero cuya baja frecuencia no nos eximirá de estar lo mejor formados para la ocasión.
En caso de lesión tenemos algo de médicos y de enfermeros. En caso de necesidad, seremos psicólogos.
En caso de conflicto, tendremos la potestad para ser primero policías y luego jueces.
Por último, habrá ocasiones en las que seamos operarios a la hora de estar usar los equipamientos deportivos.
Como hemos comprobado, un sinfín de situaciones variopintas conforman nuestra realidad. Para poder sobrellevar todo el conjunto, presentamos el siguiente decálogo, pensado para dar lo mejor de nosotros mismos.

  1. Tener formación está muy bien, pero igual que en el deporte, no se vive sólo de los títulos. Cada día es una ocasión para aprender y formarse. Si así lo sientes, de igual manera serás capaz de transmitírselo a tus aprendices. FORMACIÓN CONTINUA. LA CURIOSIDAD NO MATA AL GATO.
  2. Conocer a tu equipo es fundamental. Hay que ser conscientes de cómo es el equipo y de las formas de ser y de sentir de cada una de las personas que lo componen (jugadores/as y cuerpo técnico). Sólo así podrás saber cómo tratar con cada uno de ellos. Es clave para ser un buen MOTIVADOR.
  3. Ser un ejemplo a seguir e inculcar valores. No todo el mundo está capacitado para trabajar con jóvenes deportistas. El hecho de estar entrenando suele estar íntimamente ligado con tu pasado como jugador. Todos los que formamos hemos tenido entrenadores que nos han marcado. Es posible que nosotros también seamos futuros recuerdos. De momento, hagamos todo lo posible por estar presentes en el momento actual.
  4. Ser equilibrado y siempre respetuoso. Somos personas y tenemos nuestras vidas, como todos los demás. Seamos coherentes: lo que pasa fuera de la cancha se queda fuera. Evitemos las euforias pasajeras o los enfados de frustración (muy relacionados con los partidos). Hay que procurar ser humilde en la victoria y resignado en la derrota (sin olvidar la dosis justa de auto-crítica, sin llegar al punto de machacarse).
  5. Planificar qué deben aprender tus jugadores en función de sus características personales (edad, nivel de juego y competición). Visualiza adonde quieres hacerles llegar en su camino formativo cuidando todas los pasos a seguir. Eso conlleva planificar cada sesión de entrenamiento (secuenciando de forma óptima las progresiones técnico-tácticas). Imprescindible saber con cuántos jugadores cuentas en cada día (estar al tanto de lesiones y ausencias). Fundamental contar con la colaboración de los padres y madres para que avisen con tiempo de las ausencias (punto que ya comentamos anteriormente en nuestro Decálogo para padres y madres de deportistas).
  6. Conoce tu deporte y su reglamento para poder transmitir con fundamento cada gesto técnico y su utilidad táctica. Arbitrar no es fácil y conocer el Reglamento y sus interpretaciones menos aún. Respeta al árbitro así como sus decisiones. También se puede equivocar (o no) en una decisión. Pueden hacerlo como el resto de personas del planeta. (CONVIVIR CON EL ERROR porque ERRAR ES HUMANO).
  7. Ser neutral, justo y coherente. Fácil decirlo y no tan fácil en la práctica. Hay que evitar el (pre)juicio rápido. Hay que tratar a todos por igual por mucho que todos sean igual de diferentes.
  8. Aumentar al máximo el tiempo de compromiso mutuo. Aprovechar el tiempo: cada instante y cada segundo para enseñar. Enseñar no es tirarse 7 minutos explicando un ejercicio (ya sea cómo se realiza o el por qué). Para enseñar es necesario dar información corta, clara y concisa en las explicaciones y correccionesNo es mejor entrenador el que más sabe, si no el que mejor transmite.
  9. Escuchar activamente cuando se presente la ocasión. No es habitual poder contar con jugadores que sean capaces de aportar y participar activamente. Para poder escuchar hay que ser capaz de ser accesible. Los jugadores te preguntarán o comentarán posibles situaciones. Tendrás que haber sido capaz de generar esa accesibilidad previamente para que ellos puedan plantearte esas situaciones. Al igual que necesitas que te escuchen, muchas otras veces serás tú el que tenga que pararse a escuchar para poder recolectar información para posteriormente poder valorarla y tratarla adecuadamente. De esta forma serás consciente de las inquietudes y necesidades de tu equipo.
  10. Los grandes entrenadores también fueron pequeños. Ser uno mism@ no tiene precio. Es comprensible tener referentes, no obstante tenemos que saber que los jóvenes que entrenamos están en edad de formación y no son adultos ni profesionales. Sé tú mism@ (el respeto y la humildad son excelentes compañeros de viaje).
En resumen, muchos puntos a poner en práctica. Todos llegarán a buen puerto siempre y cuando nunca nos olvidemos que trabajamos con personas jóvenes. Respeto, pasión, dedicación cuidando todos los detalles.
Ser entrenador es un reto. Hay que luchar por ser todo lo mejor que podamos ser.
Cedric Arregui
Entrenador Superior
Director del portal coachcedric.com