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“Baloncesto como cura”, por Cristina Miguel de la Rosa

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El compañerismo, el sentimiento de pertenencia a un equipo, la amistad, la generosidad, el respeto, la fuerza de voluntad, el compromiso, la sana competitividad y la constancia, podrían ser las palabras que me vienen a la cabeza cuando pienso en mi infancia como jugadora de baloncesto. Más allá de hacer cambios por delante, o meter muchos puntos… al final lo mejor del baloncesto ha sido aprender todos estos valores. Valores que me acompañarán toda la vida y que hicieron de mí una persona diferente a la que seguramente hubiera sido si no hubiera tenido la suerte de jugar a baloncesto desde tan pequeña.

Una de las lacras de nuestra sociedad actual es el bullying. Este es cualquier forma de maltrato psicológico, verbal o físico producido entre estudiantes de forma reiterada, tanto en el aula como a través de redes sociales. Los protagonistas de estos casos suelen ser niños y niñas en proceso de entrada a la adolescencia. Esta es la manera más triste de robar la infancia de personas que no quieren otra cosa que ser felices.

Este tipo de violencia escolar se caracteriza por conseguir la intimidación de la víctima, implicando un abuso de poder en tanto que es ejercida por un agresor más fuerte que aquella. Cualquier excusa es buena para meterse con un compañero o compañera, su forma de ser, su raza, sus gustos, su aspecto físico. Como si alguno de nosotros tuviera poder sobre los demás o fuera mejor que nadie. Es un mal actual tan triste y tan común que seguramente desconocemos hasta que punto afecta hoy en día a nuestros adolescentes.

Como entrenadores de baloncesto somos otro agente más que es responsable de la educación de nuestros jugadores y jugadoras, seguramente a estas edades tengamos mucha más incidencia en ellos que sus propias familias. Tenemos que ser el mejor ejemplo SIEMPRE y nunca permitir una situación de este tipo en nuestros equipos. Pero a parte de eso, también podemos ser ese apoyo y ayuda que necesitan en muchas ocasiones los jóvenes que lo sufren.

Hace unos días tuve la oportunidad de leer un libro que me hizo reflexionar especialmente, este no es otro que el libro que ha escrito Iñaki Zubizarreta “Subnormal”. Todos lo amantes del baloncesto conocemos a este reconocido jugador ACB, ya que ha jugado en equipos tan importantes como el Valencia Basket, el Zaragoza o el Caja Bilbao. Iñaki es un hombre de un físico que llama la atención, 2,07 de estatura, complexión fuerte, un hombre que impresiona. Así como también impresiona el calvario que vivió en su infancia. Desde los 11 año Iñaki sufrió acoso escolar, un acoso brutal por parte de sus compañeros, profesores… leer este libro te parte el corazón en dos y supongo que será una mínima parte de aquello que tuvo que vivir. Pero Iñaki encontró una manera de salir de ahí, encontró la cura para este acoso que sufría. El baloncesto.

En su equipo tanto su entrenador, como sus compañeros, le respetaban, le querían y le trataban como a uno más. Era el lugar donde Iñaki no tenía que sentirse un bicho raro, su refugio. Debido a este acoso Iñaki llevo a plantearse el suicidio, ¿Cómo se puede permitir que un niño pase un calvario así?, plantearse esto fue el punto de inflexión para salir adelante. Actualmente Iñaki lucha para cambiar estas situaciones y da charlas por los colegios para explicar su historia y ayudar a tantos y tantos niños que viven desgraciadamente situaciones como las que vivió él.

La infancia y la adolescencia probablemente sean los mejores y mayores recuerdos que todo el mundo tendría que tener. Los amigos del cole, los cumpleaños, los partidos de baloncesto, viajes… Que triste y que lamentable es permitir que a un niño le roben la infancia de esta manera. Qué secuelas puede dejar un palabra, un gesto, una mirada.. ¿Somos conscientes?

Me parece honorable que una persona que ha pasado por algo tan complicado hoy en día se dedique a ayudar a tantos niños y niñas que lo necesitan. Que importante es como entrenadores seamos el espejo donde mirarse y el apoyo de tantos y tantas jugadores que pasan por nuestras manos, que importante es que además de enseñarles a jugar también los formemos como personas. Iñaki tuvo la suerte de toparse con un entrenador que supo sacarle de ahí, y además de eso vio en el al pedazo de jugador en el que Iñaki se convirtió. Es una historia más de superación y lucha, os animo a todos a leerlo, y a reflexionar.

Gracias Iñaki, personas como tú nos hacen mejores.

“Hay pequeños ojos que cada día observarán lo que harás

y jóvenes oídos que cada día escucharán lo que dirás

y manos inexpertas que querrán imitar lo que harás.

Hay un niño que cada día sueño en convertirse en ti.

Tú eres un ejemplo para un pequeño hombre o mujer que quiere crecer de la misma manera que tú,

y por eso nunca dudes de todo lo que haces.

Sus ojos están abiertos hacia ti y su mente joven esta convencida de que tú tienes siempre razón.

Sé un buen guía para quien quiere crecer y volverse mayor”.

(Fragmento extraído de una hoja colgada en el gimnasio de la Indiana University)

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Cristina Miguel de la Rosa

Directora Técnica del Club Náutico (Sevilla)

Directora del blog Del Balón a la Pizarra