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Adelanto del artículo de Joan González que aparecerá en el 11º Número de Entrenandobasket

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Hablar de juniors es hablar de adolescentes.

Entrenar a juniors es trabajar con adolescentes.

Llevar a un equipo junior, requiere madurez.

La imagen que muchos tienen de esa categoría, son los juniors escogidos, los preferentes, los que van a campeonatos autonómicos, lo que van a campeonatos de España, aquella testosterona que se da más en estos años, al servicio de la agresividad defensiva, los mates, los saltos al rebote…la proyección del futuro en definitiva. Ese paso que estos jugadores han estado esperando y trabajando durante años, driblando situaciones comprometidas, buscando equipos que les aupasen hacia este objetivo, para llegar bien no se sabe dónde, pero que en definitiva ha sido su sueño, o el de sus padres en muchos de los casos.

Ahora aparquemos esa imagen. Ese equipo junior de un pueblo, ciudad, de nuestro territorio, en una categoría “baja”, con suerte con un entrenador entregado, o sin ello, con un entrenador preparado o no…Este equipo, donde el nivel deportivo no es el objetivo prioritario, donde priman quizás otras circunstancias para estar en este junior. Donde los padres quieren que en esta época de crecimiento, su hijo/a haga deporte y “no se pierda en las plazas”, o por qué no, que tengan esa cultura deportiva tan necesaria en etapas maduras.

Y el entrenador llega a su primer entreno y ve a 10 jugadores (algunas veces no llegan a ese número), con diferentes objetivos y/o expectativas: ese jugador que aún tiene alguna ilusión por llegar a un equipo más importante, por mejorar, incluso soñar. Este jugador que lleva desde los 5 años en el club y ha subido de forma natural, y quizás su única ilusión es la de compartir un rato con sus amigos de siempre. El jugador que viene rebotado de un equipo de mejor calidad y que la trayectoria lo ha puesto ahí, y sigue pensando que es mejor que el resto que le acompaña. El otro jugador que sabe que no tiene calidad pero que aquí ha encontrado su rol, sus amigos y no se siente desplazado. El otro que “le obligan” a hacer alguna actividad deportiva. Y así podríamos buscar muchos ejemplos.

¿Dónde? ¿Cómo podemos buscar esa motivación necesaria para entrenar a este equipo, para que sus jugadores se sientan atraídos por el trabajo semanal durante 9 meses?

Joan González

Colaborador de Entrenandobasket