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Adelanto del artículo de Daniel Hernández que aparecerá en el 19 número de Entrenandobasket

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El desarrollo de cualquier práctica deportiva, sobre todo cuando esta se desarrolla a un alto nivel competitivo, puede conllevar a la aparición de lesiones de diferente etiología según el tipo de estructura corpórea que se vea comprometida y/o dañada.

No podemos evitar que el baloncesto sea un deporte de contacto y que ese contacto con los rivales del otro equipo pueda inducir al algún tipo de lesión por contusiones, golpes, bloqueos, saltos, caídas etc. pero no podemos olvidar que también la gran mayoría de las lesiones producidas en nuestro deporte aparecen por condicionantes ajenos al equipo rival como son el tipo de material (parquet de madera, suelo sintético, slurry, goma, hormigón…) y estado de la superficie de juego (Capacidad de absorción de impactos, suelos flotantes, longevidad de la superficie de juego, mantenimiento de la misma…), la técnica de cada jugador, la condición física de los practicantes, el control de las cargas de entrenamiento (carga interna y externa) o la planificación de la temporada que esté siguiendo el staff técnico; sin olvidarnos de las lesiones previas que hayan sufrido los jugadores, o las zonas más propensas a sufrir lesiones debido a desequilibrios o desajustes musculo-esqueléticos, que pueden llevar a que los deportistas sufran recidivas o generen puntos débiles susceptibles a una aparición de una futura lesión.

Tras haber realizado un análisis exhaustivo y pormenorizado en la literatura científica referente a las lesiones deportivas, que se producen durante la practica del baloncesto, puedo concluir que existe un índice de 9,9 lesiones por cada 1000 horas de competición, mientras que si hablamos de entrenamiento, este índice se reduce a 4,3 lesiones por cada 1000 horas de exposición.

Según Dick, R., y cols (2007), en su artículo para el Journal of athletic training, la lesión más común que sufren los jugadores de baloncesto son en mayor medida en los tobillos, un 26,2%; sufriendo 2,33 esguinces de tobillo por cada 1000 horas de exposición durante la competición; reduciéndose este índice hasta el 1,06 por cada 1000 horas de exposición durante los entrenamientos. La lesión con mayor prevalencia es la del ligamento lateral externo.

Si comparamos la incidencia de esta etiología en cuanto al género, los estudios arrojan que el género femenino tiene mayor incidencia lesional que el masculino tanto en lesiones de tobillo que son las más frecuentes para ambos sexos, seguido de cerca por las lesiones de rodilla

Los principales factores de riesgo para que un jugador de baloncesto se pueda producir una lesión de tobillo son entre otros el haber sufrido lesiones previas en esta articulación, padecer asimetrías en la fuerza excéntrica entre los flexores plantares y dorsales del pie, presentar una inestabilidad funcional por déficits propioceptivos y neuromusculares, tener una excesiva oscilación del centro de presiones, poco ROM en la articulación del tibioperoneoastragalina o un exceso de peso.

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Daniel Hernández

Actual Preparador físico del Palencia Baloncesto